Para que Venezuela pueda integrarse al mundo nuevamente deben cesar todas las causas que generan restricciones y sanciones internacionales, entre los principales generadores de este tipo de castigo externo resaltan las elecciones ilegales e ilegítimas, muy lamentablemente, por el camino que transitamos, las «presidenciales 2024» van enfiladas a agravar la situación.

Pero la causa principal de nuestra descalidad de vida es la corrupción, la peor registrada por la humanidad, seguida por la desprofesionalización de las instituciones del Estado que pasaron a ser tentáculos del partido del régimen, primero del inefable MVR, hoy del Psuv. Jamás se debe omitir que la debacle de Pdvsa, por demás advertida hasta la saciedad, la reducción del sector privado, la destrucción de los sistemas de generación y distribución de electricidad, de los sistemas públicos de salud y educación, la CVG, entre otros, comenzaron muchísimo antes de estas puniciones foráneas. 

Antes de las sanciones, la inflación fue atizada por Chávez (obligado a realizar la primera conversión en 2010) y puesta a volar a niveles de hiperinflación por Maduro. Ambos recurrieron (aún) a la perniciosa emisión del denominado “dinero inorgánico”. La imposición de controles corruptos y de leyes económicas/financieras cubanoides destrozaron nuestra moneda.

El éxodo de inversionistas comenzó con las expropiaciones de Chávez, también se atizó en 2013 con el “Dakazo”. La escasez de los años 2015 al 2017 fue provocada por el aniquilamiento de la confianza país. El último vestigio de reconocimiento que tenía el chavismo fue pulverizado por la forma barbárica que se adelantó la “constituyente” en 2017 y por la perpetración de las presidenciales 2018, al margen absoluto de la ley y la democracia. Para 2019 el régimen comenzó a cosechar lo sembrado, se convirtió en centro de actos castigos internacionales, como gobierno y de forma personalísima, producto de sus ilegalidades e ilegitimidades.

A todas estas, el estatus quo (régimen-cómplices) encontró la forma de sobrevivir a las sanciones a través del apoyo de sus aliados internacionales y prebendas criollas, entregando a los venezolanos a la voracidad del dólar paralelo y a una economía de subsistencia, en un acto regido por la doctrina “traten de salvarse, nosotros ya resolvimos”.

Lo alarmante de todo esto, las presidenciales 2014 no tienen el menor atisbo de poder solucionar las crisis, se hila para que Maduro (todo lo que significa e implica) continúe aferrado al poder. Por lado de la “oposición” aún no está nada claro, pero se percibe la manufacturación de una treta que deje al lado todo aquel o aquella que salga de la agenda del régimen y su sistema billonario de sostenimiento.

La jugada del castrismo venezolano con el CNE es el preludio de lo que se avecina, tal como hicieron en 2016, para alargar los tiempos e imposibilitar el revocatorio, sometieron a las organizaciones partidistas a elefantiásicos periodos de renovación/validación. Hoy tendieron la mano a la “oposición” para “apoyar” las primarias con el CNE para luego abandonarles y comprometer los tiempos. Claro, tras esta jugada también se esconde el no saber qué hacer con María Corina Machado, la principal (y única) fuerza política real en el país que, además, escapa de la agenda del estatus quo, cuya participación legitimaría cualquier proceso comicial.

Opinamos, nada bueno saldrá de la AN más chavista de la historia, a la que sumaron 100 diputados inconstitucionalmente. Sea como sea, se avizora el escenario de sanciones no cesará, probablemente se incremente. Los que retienen el poder (y su círculo de colaboradores) en nada les afecta, pero al resto del país trágicamente sí. @leandrotango   

Por: Leandro Rodríguez Linárez

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