En recital de Vinícius Junior, goleador, asistente y fantasioso en cada acción ante Yan Couto, fue el factor diferencial en el pulso por el liderato, el golpe repleto de firmeza a LaLiga de un Real Madrid excelso, que convirtió la excelencia del Girona en debilidad, para golearlo sin piedad por 4-0. No encontró rival el Real Madrid en un Girona al que bajó de la nube.

Pese a su sello inconfundible. Pese a su valentía. Con la línea defensiva instalada en el centro del campo en el Santiago Bernabéu, dispuesto a asaltar un reto mayor en una temporada de ensueño. La capacidad de mutación del Real Madrid, tan cómodo con balón como cuando le invitan a correr al contragolpe, reseñó Depor.

Esa querencia al vértigo madridista encontró el mejor aliado en el descaro, quizá temeroso de un equipo instalado en el elogio por las gestas continuas de un modesto instalado en lo más alto. Cambiar su identidad es innegociable para Míchel y el doble enfrentamiento liguero ante el Real Madrid demuestra que es el mejor perfil para los de Ancelotti. Unidos ante los problemas por lesiones defensivas, sin un solo central sano. Con Tchouaméni y Carvajal como pareja de urgencia. Aumentó las ayudas. Camavinga y Kroos siempre atentos. La involucración defensiva de un grupo que mordió arriba.

Encaró el partido el Real Madrid con la dimensión que había adquirido. Respetó al rival hasta el punto de jugarlo como una final. Líneas juntas, duelos con intensidad para robar, cuanto más alto con mejores consecuencias. La posesión fue estéril para un Girona bisoño que ni chutó a portería en el primer acto. Reducido al máximo desde que lo decidió Vinícius. A los seis minutos con uno de sus mejores goles en el Bernabéu. Amago hacia dentro en carrera y derechazo a la escuadra desde fuera del área.

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