Las manifestaciones por la muerte de una joven por no llevar bien puesto el velo suman ocho
jornadas consecutivas y las autoridades reconocen más de 700 detenidos

Al menos 35 personas han fallecido durante los ocho días de protestas en Irán a raíz de la muerte,
el 16 de septiembre y bajo custodia policial, de Mahsa Amini, una mujer de 22 años que llevaba
mal puesto el velo. Las cifras de fallecidos han sido confirmadas el viernes por medios
gubernamentales. Ante las incesantes protestas, el presidente iraní, el ultraconservador Ebrahim
Raisi, ha animado este sábado a actuar “con decisión contra aquellos que se oponen a la seguridad
y tranquilidad del país”. Por su parte, el Ejército ha mostrado su disposición a hacer lo que sea
necesario para “defender la seguridad nacional”. De hecho, y según un vídeo publicado por el
diario estadounidense The Washington Post, la policía iraní ya habría usado fuego real contra los
manifestantes. Además, las autoridades del régimen han detenido a más de 700 personas desde el
inicio de este movimiento ciudadano. Concretamente, a 739, 60 mujeres. Las cifras las ha
comunicado el general Azizollah Maleki, jefe de policía de la provincia de Guilán, al norte del país
persa, según Reuters.
Aunque los medios oficialistas ya reconocen 35 muertos en las manifestaciones ―una cifra que ya
daban la semana pasada varias organizaciones de defensa de derechos humanos―; la ONG Iran
Human Rights, con sede en Oslo, eleva ahora la cifra a 50. Entre los muertos, los medios oficialistas
hablan de un miembro de los bassijs, fuerzas paramilitares iraníes, fundadas por el ayatolá
Jomeini, líder de la revolución islámica que en 1979 sumió al país en la dictadura de los ayatolás.
“Los que están reprimiendo a la población no es la policía, sino los bassijs”, cuenta desde Teherán
Marion, de 24 años, y que lleva acudiendo a las protestas desde el primer día. “[Los bassijs] Son los
que reprimen con violencia, golpean y matan. Van vestidos de civiles y sorprenden a los
manifestantes. No tienen humanidad, son mercenarios y sospechamos que algunos de ellos no son
iraníes”, continúa esta mujer.
Las protestas estallaron hace una semana a raíz de la muerte de Mahsa Amini. La mujer, originaria
de Saqez, en el Kurdistán iraní, fue detenida en Teherán por la policía de la moral que
consideraron que vestía de manera “inapropiada”. La llevaron a comisaría para recibir “una sesión
de reeducación”. Tras pasar tres días en custodia, Amini fue trasladada en coma a un hospital,
donde murió el 16 de septiembre. Un día después, arrancaron las protestas. Desde entonces, se
han convocado marchas contra el régimen islámico en más de un centenar de ciudades de las 31
regiones del país persa. En muchos casos, lideradas por mujeres, con gran presencia de
jóvenes. Así, miles de ciudadanas se han quitado el velo y se han cortado el pelo en la vía pública,
desafiando las leyes islámicas. También han ardido comisarías y vehículos policiales; se han
coreado consignas antigubernamentales, así como proclamas contra el líder supremo Jamenei.
“Estas protestas se han generalizado y han involucrado a todos los sectores de la sociedad”,
contaba a EL PAÍS Yasaman Khleghian, periodista y activista iraní de 33 años exiliada en Canadá.
A medida que han tomado fuerza las protestas, el Gobierno ha ido aumentando la represión y la
censura, incluido el acceso a Internet. “La conexión va muy mal y no me he podido conectar en
todo el día”, escribía por WhatsApp desde Shiraz un activista iraní a última hora del sábado. Fue el
único mensaje que pudo enviar. El apagón digital dificulta la organización de los activistas y
manifestantes, su acceso a redes sociales, así como su comunicación con el exterior. El
Departamento del Tesoro de EE UU anunció el viernes que iba a intentar expandir el rango de

servicios digitales en el país persa, obviando las sanciones activas contra Teherán: “Vamos a
ayudar a los iraníes para contrarrestar los esfuerzos del Gobierno de censurarlos y vigilarlos”,
afirmaba uno de sus responsables. A pesar de ello, el sábado la conexión era muy frágil y la
comunicación compleja. Por otro lado, este sábado, cuando se iniciaba el año académico iraní, las
autoridades educativas han suspendido las clases presenciales en las universidades y han
ordenado que los estudiantes se conecten online. Por el momento, la medida durará al menos una
semana. El régimen espera controlar este movimiento ciudadano. Mientras tanto, los
manifestantes no muestran, por el momento, su intención de detener el movimiento.

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