Tras la apertura de la frontera entre Colombia y Venezuela el pasado lunes 26 de septiembre, tras 7 años cerrada por conflictos entre gobiernos de ambos países, se esperaba que la reactivación de vuelos comerciales fuese uno de los hechos más significativos, lo cual no fue así.

El primer vuelo Bogotá-Caracas operado por Conviasa sellaría el restablecimiento de relaciones entre ambos países, aunque EEUU intervino y frenó dichos acuerdos, pese a que Gustavo Petro y Nicolás Maduro así lo habían acordado.

“Las personas y entidades que ayuden materialmente, patrocinen o brinden apoyo financiero, material o tecnológico, bienes o servicios, en apoyo a Conviasa, pueden exponerse a sanciones. Alentamos al Gobierno de Colombia a negar derechos de aterrizaje”, hizo saber EEUU a el diario El País.

Ante esta situación, Maduro calificó la medida como coercitiva, unilateral e ilegal, señalando que es “una acción contra Conviasa en un país distinto o derivada de una coerción ejercida por autoridades a ese país (…) contravendría el Derecho Internacional Público”, escribió la administración chavista en un comunicado.

Una de las aerolíneas que estaba autorizada para cubrir la ruta de ambos países era Wingo, donde vendían boletos a pasajeros desde hace 2 semanas, aunque Maduro les ha pedido que suspenda temporalmente su actividad. “Quedamos a la espera de las decisiones finales que adopten las autoridades para su reinicio”, explicó la empresa en un comunicado.

Hasta el momento, Venezuela no va a permitir que ninguna compañía aérea opere entre los dos países, como medida de protesta ante la presión de Washington.

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