Nayib Bukele inició su segundo mandato presidencial en El Salvador, rodeado de polémicas y con un control absoluto del poder, pero enfrentando una creciente pobreza y persecución a opositores y periodistas. Días antes de su toma de posesión, desplegó miles de soldados y policías en Apopa y en el centro de San Salvador, reforzando su imagen de lucha contra la delincuencia. Sin embargo, su administración ha sido criticada por implementar un régimen de excepción que limita los derechos constitucionales y por reprimir a críticos del gobierno.

Bukele, reelegido con una abrumadora mayoría a pesar de las prohibiciones constitucionales sobre mandatos consecutivos, ha consolidado su poder mediante reformas legales y el control de instituciones clave, publicó Infobae en su página web.

Su enfoque en la seguridad pública y la reducción de homicidios ha aumentado su popularidad, aunque las tácticas utilizadas, incluyendo la protección de líderes pandilleros de la extradición, han generado controversia. Mientras tanto, el país enfrenta serios desafíos económicos, con la pobreza en aumento y una deuda pública creciente, y las relaciones con el FMI permanecen tensas debido a políticas financieras controvertidas, como la adopción del Bitcoin.A medida que Bukele jura por un segundo mandato, organizaciones de derechos humanos denuncian torturas y muertes en las cárceles bajo su mandato, y la reciente detención de líderes sociales críticos resalta las tensiones internas. En medio de esta situación, la popularidad de Bukele se mantiene alta, respaldada por una narrativa de mejora en la seguridad, aunque los críticos advierten sobre un creciente autoritarismo.

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