Hay quienes nunca han usado el transporte público y otros que no podrían vivir sin él. Y es que, se puede demostrar que para muchos el transporte no es problema si logran colarse donde menos se espera puesto que, una opción puede ser más ingeniosa que cualquiera sin medir los riesgos que signifique para su integridad con tal de poder llegar a su destino.

A raíz de la severa crisis que ha vivido el país ante la falta de combustible, son muchas las alternativas de transporte a la que se ve sometido el trujillano, ya sea en el traslado de sus productos en animales como por ejemplo los burros que se ven en la entrada a la ciudad de Valera, o los bueyes arriando la siembra de algún productor, también una «colita» en un camión, cestas de verduras sobre una moto, hasta el transportar la comida de los animales en una moto o la implementación de los llamados delivery.

Todo es válido en una crisis que refleja la creatividad del venezolano para lograr desplazarse en territorio donde todo puede ser útil sin prestarle atención a las consecuencias de estos actos. 

Todas estas alternativas que para algunos serian negativas, se podrían agregar otros efectos “peligrosos”: desde la pérdida de la existencia, hasta la poca calidad de vida que poseen las personas, misma que se disminuye aún más si carecen de las posibilidades económicas de poder costear un pasaje diario, como por ejemplo el de una persona que vive en Mendoza Fría y debe gastar el 57% de su salario solo en el transporte público para llegar a Valera, lugar donde labora.

En definitiva y aunque muchos venezolanos actualmente afirman que el país ha mejorado, o en su defecto, que la economía «se ha estabilizado un poco», para más de la mitad de la población trujillana – en este caso – la calidad de vida  continua desmejorando, para muestra un botón, como se mencionó, la situación del transporte público. 

ECS Jorge Briceño

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