La partida de Cornelio

Redacción por 
Jorge Briceño Carmona
 el 
Mié, 13 Feb | 2019
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“No existen las despedidas entre nosotros. Allí donde estés, te llevaré en mi corazón” Mahatma Gandhi
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Al amanecer del 4 de febrero, cuando la incertidumbre reinaba debido a la situación país, recibí la aciaga noticia de la repentina e inesperada partida de uno de los periodistas más versátiles que ha tenido el periodismo trujillano y de uno de mis más entrañables amigos por mucho tiempo, unido a la familia por el vínculo de la afinidad.

Conocí a Cornelio Jesús Viloria Morales, por allá a finales de la década de los 70, en el vetusto  y querido Diario El Tiempo, una tarde cuando otro de los grandes periodistas de Trujillo Francisco Oscar Salazar, me presentara a Cornelio, elegante y presuroso en los avatares del periodismo de la época, ese inolvidable periodismo romántico y maravilloso, génesis de una vocación imperecedera.

Encarnaba Cornelio para entonces a las nuevas generaciones de periodistas que jugaron un rol preponderante en el devenir del progreso de esa entidad andina. Su oficio y su interés por superarse y por colocar a Trujillo en el sitial que merece, formaban parte de su sentir, y sin temor a equivocarme, los grandes logros alcanzados por la urbe de Mercedes Díaz y por todo el estado llevan sin duda la rúbrica de Corvi (como solía firmar sus notas), quien desde su trinchera en la redacción del diario, no descansaba hasta ver cristalizadas mejoras para su tierra.

De su cálida y procera tierra motatanense- a la que quiso demasiado-, Cornelio llegó adolescente a Valera, impulsado por la vocación; esa vocación de periodista, ese ejercicio del periodismo al servicio de los demás, para hacer causa común junto a Luis Mazzarri Montilla, Luis Gonzaga Matheus, Luis González, Guillermo Montilla, Andrés Atilio Miliani, Juan Valecillos Quintero y otros destacadísimos periodistas, en una empresa quijotesca a través del ejercicio, que escribe con letras de oro la historia del periodismo andino y venezolano.

Con el pasar de los años, en la década de los 80,  luego de entablar una bonita e indoblegable amistad, nos reencontramos en la redacción del diario La Noticia (“Diario del Pueblo”, como era su lema) presidido por Ezzio Mazzarri Montilla. Allí comencé a escribir el acontecer de la ciudad de Trujillo a través del pseudónimo Diego Paredes y en poco tiempo Corvi me invitó a formar parte de los columnistas permanentes y redactores de ese diario. Allí nació mi columna “La Ciudad Portátil”.

Trabajamos y aprendimos el oficio  de manera perfecta, dirigidos por Cornelio,  junto a inolvidables compañeros, entre los cuales destacaban Juan Valecillos Quintero, Segundo Mendoza, Rafael Vásquez, Roque Torres, Jorge Sulbarán, Noel Araujo, Carlos Gil, Arturo Carvajal, Alba Caicedo, Alberto Reichax,Obilio Cardozo, Vicente Sánchez, Jesús Enrique Briceño, Gabriel Montenegro, Iván Hidalgo, Alfredo Zambrano, Yesenia Saavedra, Oneida Peña,Elsy Ángeles,  Gladys Briceño…

Luego, pasamos a El Tiempo a entablar empatía y también imperecedera amistad con don Luis, con Pepe, con el profe Matheus, con Félix Maldonado, con Yajaira Rumbos, con Carla Tosco de Briceño, con “Camba” Rivas , con la “Negra” Ennita Saavedra, con José Gregorio “Cheo” Colina, con Gilberto Matheus, con Manuel Acevedo Rivas  con Gloria Rivas de Litvac, Elvia Uzcátegui, Mireya Cadenas, Judith Martorelli y Thamar Montero; con Rufino Briceño y con la siempre diligente María Sarmiento, entre otras maravillosas personas.

Durante esa pasantía de tremendo aprendizaje trabajamos bajo la supervisión del profesor Luis Gonzaga Matheus y de Cornelio Viloria. ¡Vaya aprendizaje! No había día en que no se aprendiera algo. Cornelio, con su excelente humor y con sus dicharacheras salidas, también enseñaba.

Deja un inmenso legado: Generaciones por centenares de periodistas que se formaron bajo su tutela en el querido diario El Tiempo de Valera.

Ha partido del entorno terrenal Cornelio, dejando para Trujillo y el país, una excelente familia, edificada junto a Luz Marina Avendaño y conformada por José Cornelio, Jesús Adolfo, Marco Alejandro y Marielys, todos profesionales, una familia integra y como suelo decir impregnada de nobles ideales… Una excelente familia muy de mi afecto.

Vienen a mis recuerdos y estremecen mi alma, las ocurrencias de Corvi, pero también sus enseñanzas. Creo que todos los que nos formamos junto a Cornelio, no lo olvidaremos nunca.

Una palabra de condolencia a mi comadre Marina, a mi ahijado Marco Alejandro y con ellos a José, a Marielys, y a los hermanos y sobrinos de Corvi.

No te has ido para siempre Cornelio. Queda tu huella en el periodismo trujillano, pero lo más resaltante, quedan tus enseñanzas junto a la solidaridad y a la bondad que sembraste. Dios te pague.

San Felipe,   febrero de 2019

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