La Ceiba es el tercer municipio más violento del país

Redacción por 
OVV Prensa
 el 
Vie, 14 Ene | 2022
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De los 335 municipios venezolanos, La Ceiba ubicado en la zona Panamericana del estado Trujillo, resultó el tercer municipio más violento de Venezuela, después de El Callao y Sifontes (Estado Bolivar).

Según el Informe Regional Anual del Observatorio Venezolano de Violencia en Trujillo (OVV Trujillo) La Ceiba cerró 2021 con una tasa de 147 muertes violentas por cada 100 mil habitantes, ubicándose como el municipio más violento de esta región andina. Aun cuando este indicador descendió en comparación con el 2020, donde presentaba una tasa de 152,5, La Ceiba continúa superando la tasa nacional y regional situada en 40,9 y 26,7 muertes violentas por cada 100 mil habitantes (m/h) respectivamente.

Johny Humbría, coordinador del OVV Trujillo, tiene como hipótesis que la situación de este municipio se relaciona con los niveles de pobreza de esa zona y con el incremento de la acción delictiva de diferentes organizaciones criminales en las áreas rurales del eje panamericano, aunado a la carencia de políticas públicas que puedan poner coto a ese flagelo.

Municipios más violentos

Después de La Ceiba el segundo municipio con la tasa más elevada del estado Trujillo fue Andrés Bello con 53,1 m/h, cifra que también supera la tasa nacional de violencia en un 22,98%. En comparación con el 2020 su tasa bajó considerablemente de 312,5 a 53,1, debido a la distorsión que genera calcular una tasa en una población con menos de 20.000 habitantes. A pesar de ello, en los últimos años esta jurisdicción ha figurado entre los cinco municipios más violentos de la entidad y del país.

Le siguen Monte Carmelo (30,9), Miranda (21,7), Motatán (18.9) y Pampán (16,2)  estos tres últimos con tasas por debajo de la tasa regional y nacional, en contraste con las jurisdicciones de Juan Vicente Campo Elías y José Felipe Márquez Cañizales, en las cuales no se registraron muertes violentas, de acuerdo con los datos recabados.

Muertes violentas

Con una tasa de 26,7 muertes violentas por cada 100 mil habitantes la entidad trujillana pasó en el 2021 a ocupar el puesto 17 en el listado nacional de violencia bajando tres puntos en comparación con el 2020 cuando ocupó el puesto 14.

En 2021  la tasa de homicidios presentada fue de 7.7, la de resistencia a la autoridad 4,8, muertes en averiguación (muertes de intencionalidad indeterminada, registradas oficialmente como averiguaciones de muerte) 13,9 y desapariciones 0,82 por cada 100 m/h, respectivamente.

Esto se traduce en que, durante el año 2021, semanalmente ocurrió un homicidio en la entidad, que cada 12 días los cuerpos policiales mataron a 1 persona por resistirse a la autoridad, cada 4 días se contabilizó una víctima fatal sin que las autoridades hayan esclarecido esas muertes y que cada 2 meses fue denunciada por sus familiares la desaparición de 1 persona.

A pesar que cuantitativamente las tasas de violencia en el estado Trujillo bajaron considerablemente, Humbría considera que se podría concluir erróneamente que la violencia ha sido controlada y que es notable un cambio en las políticas públicas de seguridad ciudadana. El caso es que estas cifras se corresponden con hechos sobrevenidos en todo el mundo, producto de las restricciones de movilidad social forjadas por la pandemia, aunado a los graves problemas de movilidad impuestos por la falta de combustible (gasolina y gas-oil) en toda Venezuela. Eso explica, porque la tasa de víctimas de muertes violentas en el país, pasó de 45,6 a 40,9 (m/h).

Para Roberto Briceño León, director del OVV “la reducción de la mortalidad violenta es el resultado del empeoramiento de la calidad de vida y de políticas públicas que destruyeron capacidades económicas, auparon la corrupción y el deterioro de los servicios básicos, y que generaron una parálisis del país, causando un empobrecimiento masivo, penuria y pérdida del poder adquisitivo, que en conjunto redujeron notablemente las oportunidades del crimen”.

Las víctimas

Los homicidios ocurridos durante el 2021 tuvieron como víctimas un 76,6% hombres y un 23,3% mujeres. De los cuales 64,5% fueron asesinatos, 19,3% feminicidios, 9,6% infanticidios y 6,4% sicariatos. La motivación del delito en un 41,6% fue el ajuste de cuentas, un 25% basada en género, 16,6% en aprovechamiento ilícito, 8,3% venganza, 4.1 en conflictos interpersonales distintos de riña y venganza y 4.1% otras motivaciones.

Un  48,1%  de las víctimas fueron asesinadas en su hogar, un 33,3% en un espacio abierto o en la calle, 7,4% en el lugar de trabajo, 7.4% en un medio de transporte y 3,7% en prisiones o instituciones penales. El arma empleada para cometer el delito en un 60% correspondió a armas de fuego, un 24%  objeto cortante o punzante, 12% fue por fuerza física y un 4% a otros.

La violencia en contra de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes en el estado, también

fue documentada. Sobre las edades de las víctimas: 4 6% tenían entre 0 y 11 años, un 23% entre 12 y 17 años, y un 31% entre los 18 y 24. Los delitos más comunes fueron los homicidios y las violaciones cuyo número aumentó luego del confinamiento social decretado por la pandemia.

Las cifras de violencia presentadas son el producto del monitoreo de los medios de comunicación regionales e investigaciones científicas realizadas con apoyo académico de universidades nacionales que integran el equipo del OVV.

Deterioro de la calidad de vida

Trujillo culmina el año 2021 con cifras muy disímiles a la de años anteriores, por un lado, se observa como bajaron las tasas de muertes violentas en toda la geografía trujillana y por otro, se evidencia un deterioro sostenido en la calidad de vida de las personas y en la convivencia social, lo que destaca la falta de atención en la seguridad personal, educación, alimentación, salud y protección a la niñez, la juventud y los adultos mayores.

Para el equipo del OVV Trujillo, en el 2021 se observó una tendencia a la disminución de las tasas con respecto al año 2020 lo que coincide con la baja movilidad de los trujillanos por falta de combustible, aunado a la cuarentena social producto de la pandemia, lo que incidió significativamente en la reducción de la actividad económica de la entidad. Otro factor que contribuyó a la disminución de la tasa de homicidios, fue la caída del poder adquisitivo y el empobrecimiento de la población, que redujo las oportunidades de delinquir. Desde el OVV,  se continuará monitoreando el comportamiento de la violencia en toda la entidad trujillana.

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