Jaime Gili: ritmo sobre ritmo y color

Redacción por 
 el 
Dom, 09 Ago | 2020
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El artista caraqueño vincula las estructuras industriales modernas con las influencias artísticas del Pop artE y el arte cinético, a partir del empleo calculado del color.

Esta semana les quisiera comentar sobre el artista venezolano Jaime Gili (Caracas, 1972), radicado en Londres desde 1996. Gili estudió en Caracas en la escuela de arte Prodiseño (1990-1995), formación que le permitió sintetizar una serie de influencias artísticas pre-existentes en su sensibilidad, vinculadas a la geometría y al diseño industrial modernista y de escala urbana, la Escuela del Bauhaus, la tradición óptico-cinética venezolana, el Minimalismo, Futurismo, entre otras.

Especialmente el repertorio visual arquitectónico caraqueño influenció la estética de su obra, al vincular las estructuras industriales modernas, con las influencias artísticas del op art y el arte cinético, a partir del empleo calculado del color. En tanto, una vez radicado en Londres, continuó sus estudios en el londinense Royal College of Art, y también en la Universitat de Barcelona; a la vez que asimiló la impronta del arte urbano londinense.

Precisamente la obra aquí ilustrada ejemplifica el diapasón de búsquedas presentes en la poética de Gili, representando así nuestras raíces históricas en la geometría latinoamericana. La pieza revela una estructura dibujística sólida, basada en su linealidad inicial y en el empleo congeniado de ángulos agudos, rectos y obtusos, que determinan el esbozo de una geometría triangular variada y dinámica. Esta estructura base revela la influencia de grandes maestros óptico-cinéticos venezolanos, como Alejandro Otero y Carlos Cruz-Diez.

El recurso del color revela una contradicción muy particular. Por una parte, la aplicación racional y sólida del pigmento (hacia la parte derecha de la obra), sin marcas de la brocha o pincel, junto al dibujo tan técnico, revelan una apariencia casi industrial. Mientras tanto, en notable contraste –y aun así en total equilibrio formal-, el trazo espontáneo, sale a la superficie hacia el centro e izquierda de la pieza. En este sentido se aprecia una sofisticación del arte callejero o sobreescritura creativa a modo de statement artístico en el que el artista despliega su propio diálogo interior de sensibilidades: lo racional y geométrico junto a lo instintivo y orgánico, en franco homenaje y desarticulación de los presupuestos de sus maestros. El ritmo intrínseco de la estructura plana se carga de gracilidad y movimiento en una invención a modo de ritmo-sobre-ritmo-y-color.

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