Los rojiblancos remontaron en casa del Mónaco sobre un césped bochornoso

Atlético debuta con triunfo en la Champions

Redacción por 
Agencia
 el 
Mar, 18 Sep | 2018
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El Atlético anda como el césped del Louis II. Frágil. Nota cada sacudida y apenas puede sostenerse. No está el club rojiblanco como para pedir explicaciones por terreno alguno tal y como tiene el suyo, que ésa es otra, pero se supone que la UEFA debería velar por este tipo de cosas. Lo que estaba mal el lunes estuvo peor el martes, por muchas promesas que se hicieran, lo que nos lleva a la conclusión de que la queja formal de la entidad española fue un papel que acabó en la papelera. Hubo que jugar y se jugó. Había que ganar y se ganó. La tropa del Cholo debe agarrarse al tren de la temporada como pueda, ahora que vienen curvas, y tres puntos a domicilio en la Champions es una buena manera de hacerlo. En Roma hace un año se jugó mucho mejor... pero se empató. Luego pasó lo que pasó.

El partido fue extraño, porque no le quedaba otra con el pasto así. De hecho las horas previas ya lo resultaron, con ese debate absurdo, alimentado desde Madrid, sobre dónde comen unos y otros. Ramos señaló a Griezmann y Griezmann, sintiéndose señalado, despachó el mejor partido en lo que va de curso. Tampoco es que lo tuviera difícil, pero el caso es que lo hizo: su posición entre líneas ya era la mejor noticia que dejó el tramo inicial, indetectable como resultaba para la tropa de Jardim hasta que sus propios compañeros decidieron prescindir de sus servicios. El Atlético y sus cosas. Además de olvidar al 7, el conjunto rojiblanco concedió un gol a las primeras de cambio para remontarlo antes del descanso y dar paso a una segunda parte de complicadísima descripción.

Primero, Saúl. El 8 es un futbolista con muchas virtudes, entre las que no se encuentra la de hacer mejores a sus compañeros en la construcción de juego. De un tiempo a esta parte le ha dado por creer que sí, quizás porque son muchos los que andan intentando que lo crea. Por eso en vez de alejar una pelota del territorio comanche intentó controlarla para después jugarla, como si no merodeara un Tigre por allí. Radamel, por supuesto, se la birló con un zarpazo.

Después, Correa. Aficionado al caos como es, protegido como a pocos jugadores se protege, el argentino cometió un error parecido en la continuación de la jugada, más pendiente de cuerpear que de reventarla para demostrar que este Atléticopuede tropezar en la misma piedra las veces que resulten necesarias. La acumulación de calamidades tuvo una consecuencia lógica, la de que Grandsirdescerrajara una portería, la de Oblak, que ya no se sostiene a cero más que en contadas ocasiones.

La diana del Mónaco llegaba apenas superado el cuarto de hora y después de que, en todo caso, el equipo rojiblanco hubiera extraviado por el camino un notable arranque. Al medio minuto, Henrichs cazaba a Correa. Al minuto, se anulaba por falta que no lo parecía de Giménez una jugada que acabó en la red. A los cinco minutos, Griezmann dejaba a Costa mano a mano para que su disparo se perdiera por un suspiro. Y hasta ahí. Durante un buen rato hasta ahí.

Porque Falcao sacó entonces los codos a pasear, faceta desconocida ésa. Primero pegó a Saúl y después pegó a Giménez. Lo siguiente fue la recuperación para un gol que dejaba al Atlético con aspecto de cadáver. Aholou anduvo cerca del segundo justo antes de atropellar a Koke en un topetazo del que salió peor parado el jugador local. Al 6 rojiblanco, de hecho, pareció sentarle de maravilla. Porque la suya fue la segunda de las cuatro estaciones que superó la pelota en un recorrido maravilloso abierto por Juanfran y cerrado por Costa para el empate. El toque más delicado fue el de Griezmann, faltaría más. Apunten asistencia.

Al borde del entreacto reapareció Koke para poner un saque de esquina donde hay que ponerlo cuando Giménez juega en tu equipo: en el corazón. El cabezazo del Comandante superó a Benaglio para que el Atlético cerrara con ventaja 45 minutos que sirvieron como prólogo de la nada: el segundo acto fue un desastre colectivo en el que el equipo rojiblanco cedió metros pero no oportunidades, incapaz como era de montar una sola contra en condiciones. Afortunadamente, el peligro del Mónaco se limitó a un cabezazo postrero de Glik, así que el pésimo césped certificó la importante victoria. Hay que comer donde a uno le pongan.

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